Beverly Hills, 24 de marzo de 2026.- La actriz Valerie Perrine falleció este lunes a los 82 años en su residencia de Beverly Hills, en Los Ángeles, California, tras varios años de lucha contra la enfermedad de Parkinson, según confirmó su amiga Stacey Souther.
Souther hizo público el deceso a través de redes sociales y una plataforma de financiamiento, donde describió que la artista enfrentó la dolencia con “increíble coraje y compasión, sin quejarse jamás”. Aunque algunas fuentes indican que el Parkinson fue la causa directa, otras señalan que los allegados no revelaron oficialmente la causa médica específica, limitándose a confirmar el diagnóstico que la actriz arrastraba desde 2015 y que la había obligado a retirarse de la actuación.
Para cumplir con el último deseo de Perrine de ser enterrada en el cementerio Forest Lawn Memorial Park en Hollywood Hills, su amiga inició una campaña en GoFundMe destinada a cubrir los gastos funerarios, toda vez que los recursos económicos de la estrella se habían agotado tras más de una década y media lidiando con la enfermedad.
Perrine, nacida en Galveston, Texas, en 1943, alcanzó la fama internacional por su interpretación de Eve Teschmacher, la secretaria y amante de Lex Luthor, en las películas “Superman” (1978) y su secuela de 1980. No obstante, fue su trabajo en el filme “Lenny” (1974), donde encarnó a la esposa de Lenny Bruce, lo que le valió una nominación al Premio Óscar, el galardón a la mejor actriz en el Festival de Cannes y un BAFTA como actriz revelación.
Su carrera incluyó además participaciones destacadas junto a Jeff Bridges en “El último héroe americano” (1973) y con Robert Redford en “El jinete eléctrico” (1979). Antes de consolidarse en Hollywood, trabajó como bailarina principal en Las Vegas y se convirtió en 1973 en la primera mujer en mostrar el pecho intencionadamente en televisión durante una producción del canal PBS.
La noticia de su muerte marca el fin de una trayectoria que, aunque siempre elogiada por su capacidad actoral, también la posicionó como un símbolo sexual de su época, algo que la propia actriz matizó en entrevistas al considerar que su cuerpo no era perfecto pero que no tenía por qué ocultarse. Su legado permanece en el cine clásico de los años 70 y en la memoria de sus compañeros de industria.
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