Marsella, 26 de marzo de 2026.- El 7 de marzo de 2025, Éric Berton, presidente de la Universidad Aix-Marsella (AMU), lanzó la iniciativa Safe Place for Science con el objetivo de crear un refugio científico para investigadores que buscaban una salida de Estados Unidos ante los recortes y restricciones de la Administración Trump. La plataforma registró su primera candidatura el mismo día de su apertura y, al cerrar el plazo, sumaba alrededor de 300 solicitudes, mientras otras 600 llegaron fuera de tiempo.
En mayo de 2025, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció el lanzamiento del programa Choose Europe for Science, con una financiación de aproximadamente 500 millones de euros para atraer candidatos estadounidenses. Además de Francia, otros nueve países europeos, entre ellos España, han desarrollado iniciativas similares para aprovechar la pérdida de atractivo de Estados Unidos como centro científico mundial.
El programa español Atrae recibió dos veces más solicitudes desde Estados Unidos en 2025 que un año antes. El Ministerio de Ciencia y la Agencia Estatal de Investigación confirmaron que más de 254 investigadores extranjeros se presentaron a la última edición, de los cuales uno de cada tres era estadounidense. En Cataluña, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, anunció la creación del Catalunya Talent Bridge, que preveía acoger a 26 investigadores antes de entrar en 2026.
El Gobierno federal alemán creó los programas Global Minds Initiative Germany y Meitner-Einstein Programme, mientras que la Sociedad Max Planck presentó el Max Planck Transatlantic Programme. A principios de este año, una portavoz del Ministerio de Interior alemán explicó que el número de permisos de residencia concedidos a ciudadanos estadounidenses en el país aumentó un 32% en el periodo comparativo de enero a septiembre entre 2024 y 2025.
Estados Unidos, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha sido el centro neurálgico para investigadores de todos los campos científicos, ya no tenía el mismo atractivo que hasta hace unos años. Europa vio una oportunidad para desplazar el foco de investigación hacia el Viejo Continente mediante programas de financiación y acogida.
En Austria también hubo una iniciativa similar, el llamado APART-USA, siempre con el mismo fin de sacar provecho de esa fuga de cerebros. La tendencia marca un cambio histórico: durante décadas, la inmensa inversión estadounidense en investigación atrajo al mejor talento científico europeo al otro lado del Atlántico, pero ahora la situación juega a la inversa.
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