Ciudad De México, 27 de junio de 2026.- Hay personas que muestran cada desayuno, cada viaje, cada bolso, cada hotel y cada rincón perfectamente ordenado de su casa en redes sociales. Dentro de ese exhibicionismo, algunas hacen una gran ostentación del dinero que tienen, aunque no lleguen a decir el precio de lo que muestran. La mayoría de quienes ven esos contenidos saben más o menos qué puede costar un bolso de lujo, un viaje a Disney por todo lo alto o alquilar para un fin de semana una villa en la Provenza.
Los expertos en psicología confirman que pocas cosas generan una reacción tan contradictoria como la ostentación digital, que fascina y repele al mismo tiempo. Millones de personas consumen a diario contenido protagonizado por vidas aparentemente perfectas mientras, paralelamente, crece el rechazo hacia quienes convierten su intimidad y su poder adquisitivo en un escaparate permanente.
La psicóloga Lara Ferreiro explica que “vivimos en una sociedad donde nos pasamos el día observando la vida de los demás”. Según la experta, “las redes sociales, la publicidad y la cultura del éxito nos muestran constantemente personas que aparentan tener más dinero, más belleza, más viajes, más experiencias y más reconocimiento social”. Ferreiro señala que la ostentación despierta una reacción emocional ambivalente porque activa de manera automática los mecanismos de comparación social.
“Cuando vemos a alguien que exhibe riqueza o privilegios, nuestra mente establece una comparación entre su situación y la nuestra”, indica Ferreiro. La especialista sostiene que el lujo actúa como símbolo de éxito, reconocimiento y estatus, y que “tendemos a admirar aquello que creemos que podría mejorar nuestra vida o darnos prestigio social”. Sin embargo, advierte que “cuando la distancia entre lo que vemos y nuestra propia realidad resulta demasiado grande, la admiración puede transformarse en frustración o rechazo”, momento en el que “la comparación deja de ser inspiradora y se convierte en amenazante para la autoestima”.
Por su parte, la psiquiatra Lucía Torres Jiménez, directora médica de Tranquilamente, cree que detrás de muchas de estas exhibiciones virtuales existe algo más profundo que la simple vanidad. “Todos necesitamos ser mirados, reconocidos y sentir que nuestra existencia importa”, afirma Torres Jiménez. No obstante, señala que el problema aparece cuando la validación deja de sostener a la persona y pasa a sostener únicamente la imagen que proyecta.
Para la psiquiatra, el lujo funciona entonces como un lenguaje. “A veces no dice solo ‘tengo mucho’, sino también ‘mírame’, ‘ocupo un lugar’, ‘he conseguido algo que otros desean, algo que tú no tienes'”, detalla. Torres Jiménez agrega que esos perfiles no venden únicamente riqueza, también venden una fantasía emocional: “la vida que se muestra parece a salvo de la precariedad, del abandono”.
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