Ciudad De México, 29 de mayo de 2026.- El etnomarxismo ha destacado que en los últimos 40 años los pueblos indígenas, del Bravo a la Patagonia, han dado muestras de una permanente actividad y participación políticas en las sociedades nacionales en las que están inmersos. Sin embargo, diversos sectores sociales y fuerzas políticas, incluyendo las que se adscriben al marxismo, continúan conceptualizando a estos pueblos dentro de esquemas basados en prejuicios, ideas fijas y disquisiciones.
El rango de estos esquemas va del racismo segregacionista al paternalismo asimilacionista. Existen prácticas de exclusión hacia quienes son considerados inferiores, atrasados e incapaces de autogobernarse y aportar formas organizativas novedosas, prácticas de democracia participativa y relaciones con la naturaleza sustentables.
En casi todos los países latinoamericanos, las nacionalidades mayoritarias se sienten dueñas de la historia, de la simbología nacional y del territorio. Estas nacionalidades refieren a las entidades étnicas diferenciadas como ‘nuestros indígenas’, a quienes hay que guiar, rescatar, salvar o redimir.
En la mayoría de los países de América, los pueblos originarios y afro-descendientes no fueron reconocidos como tales en los marcos constitucionales. Fueron las movilizaciones, resistencias e incluso rebeliones armadas de los pueblos indígenas las que obligaron a los Estados y las sociedades a descubrir el carácter multiétnico, pluricultural y plurilingüístico de la mayoría de las naciones latinoamericanas.
Este carácter multiétnico había existido oculto durante dos siglos de vida independiente bajo las miradas racistas de los grupos dominantes de criollos y mestizos. Pese a los avances relativos logrados en el plano de la formalidad constitucional y legal, tanto en los ámbitos nacionales como internacionales, las prácticas discriminatorias, segregacionistas y excluyentes hacia miembros de los pueblos indígenas son parte de la cotidianidad latinoamericana.
En la construcción de nuevas alternativas y proyectos de socialismo del siglo XXI, los indígenas siguen siendo subsumidos en categorías que los observan en el pasado del comunismo primitivo. Precisamente uno de los factores de la implosión y desaparición de la Unión Soviética fue el abandono.
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