Por Luis Martínez Alcántara
Durante la final de la Liga de Naciones de la Concacaf entre México y Panamá, disputada en el SoFi Stadium de Inglewood, California, la afición mexicana reincidió en el uso del grito homofóbico “Ehhhh, puuuuuu”.
Alrededor del minuto 80, se escuchó por primera vez el grito discriminatorio, lo que llevó al sonido local a emitir una advertencia solicitando respeto. Sin embargo, dos minutos después, el grito se repitió, obligando al árbitro Mario Escobar a detener el partido momentáneamente y activar el protocolo contra la discriminación.
Este protocolo, implementado por la Concacaf siguiendo las directrices de la FIFA, consta de varios pasos: primero, una advertencia por el sonido local; segundo, la suspensión temporal del partido; y, de persistir la conducta, la suspensión definitiva del encuentro. En este caso, la interrupción fue breve y no se llegó a los pasos más drásticos del protocolo.
La reincidencia de este comportamiento por parte de algunos aficionados mexicanos ha generado preocupación en las autoridades futbolísticas. La Concacaf ha advertido previamente que, de continuar esta conducta, podrían imponerse sanciones tanto a la afición como a la propia Selección Mexicana, incluyendo multas y posibles vetos a partidos.
A pesar de este incidente, la Selección Mexicana logró conquistar su primer título en la Liga de Naciones de la Concacaf al vencer 2-1 a Panamá, con un doblete de Raúl Jiménez. Este triunfo pone fin a la hegemonía de Estados Unidos, que había ganado las tres ediciones anteriores del torneo.
Es imperativo que la afición mexicana reflexione sobre el impacto negativo de estas acciones y se comprometa a erradicar conductas discriminatorias en los estadios, promoviendo un ambiente de respeto e inclusión en el fútbol.
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